Las horas iban pasando lentas mientras ella cuidaba de aquella rosa sin igual, no había forma de que dejase que la maravilla que la madre Gaia entregaba cada 179 años fuera a perderse, mucho menos a marchitarse o no cumplir con su ciclo a tiempo por algún tipo de descuido por parte suya, eso sería definitivamente imperdonable tanto de su parte como de su propio amo, aunque él no estuviera completamente al tanto de lo que se vendría en los próximos días. Se había llevado la rosa a una habitación totalmente oscura, cubriendo las ventanas con cortinas de color blanco aunque las mismas estuvieran selladas por fuera y en el lugar sólo la luz de las velas alumbrase formando las sombras y figuras que tarde o temprano jugarían un papel predominante en la transformación de los 5 días.
Se había vuelto a cambiar, una falda roja con un pequeño encaje negro de un centímetro y medio adornándola, la camisa negra ajustada al cuerpo por encima de la falda a penas cubriendo su ombligo, medias finas de licra negras cubriendo sus piernas y sus pies calzados con un par de zapatos de tacón de 7 centímetros de alto. Su cabello alzado en dos coletas, recogidas ambas con cintas rojas y su fiel katana enfundada en su mano derecha, le daban el aspecto de una joven estudiante de algún internado que simplemente estaba allí observando aquella flor que yacía en una cama de seda celeste preciosa y sencillamente recostada, como si nada pudiera perturbarla en su descanso.
Un par de horas habían pasado, parecía una estatua cuando una voz susurrante se oyó en la habitación, en un principio la ignoró hasta que se hizo tan potente que no pudo seguir haciendo como que no le prestaba atención y cerró los ojos, no quería distraerse y perderse con una tontería así que en cuanto estuvo centrada respondió a la voz - Me encuentro protegiendo la Rosa de los Infiernos, revélate ante mí y no uses trucos baratos para intentar arrebatarme lo que protejo puesto que sólo hará más rápida tu desaparición de este plano - Una sombra surgió tras de la protectora, tomando forma humana para poder rodearla con sus brazos a los que ella reaccionó haciéndose a un lado y traspasando los mismos, se volteó sin abrir los ojos y con un movimiento de su katana cortó la risa estúpida que aquel ser estaba profiriendo, logrando que todo volviera a la quietud y el silencio correspondiente.
No hubo momento de duda en cada ocasión que sombras y entes se presentaron en busca de la belleza, poder y rareza de la Rosa que ella estaba protegiendo para su amo, puesto que sería el mejor regalo que podría darle en sus años de vida y sabía que no había nada que pudiera compararse con el resultado de su búsqueda y su consistencia con aquella flor que simplemente descansaba en su cama de seda. Había estado pensando en su amo y en lo que esto significaría para él cuando todo terminase, estaba segura de que alguna recompensa iba a tener, sea de la forma que fuese, con o sin recompensa, ella pelearía por darle lo mejor y nada más que lo mejor a su amo y señor.
Los días pasaron, las visitas en esa habitación no se hicieron esperar hasta que la noche final, sólo unas horas antes del momento culminante de trasformación, su cuerpo agotado por la falta de alimento y su mente batallando contra la locura, recibió la visita del último ser que querría ver en ese lugar y en esas circunstancias puesto que dudaba de sí misma en poder mantenerse en pie y lograr su objetivo - Vaya, vaya... pero si es la Rosa de los Infiernos... - Esa voz profunda la alertó sacándola de su letargo, era imposible que su presencia se diera en esa habitación pero finalmente nada era imposible así que su mente la hizo comprender que se encontraba en la presencia de una criatura de las profundidades del abismo buscando algo que podría bien pertenecerle si ella no se hubiera puesto en su camino.
Con la fuerza que tenía se puso en pose de defensa, sabía que esa sería la batalla más difícil y en la cual se probaría a si misma así que estaba dispuesta a todo, sus dudas se disiparían en el calor de la situación y saldría airosa o al menos esos eran sus pensamientos en el momento en que los ojos negros se clavaron en los suyos dándole escalofríos que recorrieron su cuerpo desde los pies a la cabeza y de regreso - No pretenderás competir con el señor de las tinieblas pequeña... no vas a ganar... sólo lograrás que tu alma me pertenezca para siempre y la condena eterna sufrirás en mis mazmorras - Aquellas palabras en vez de imprimir el miedo que deberían de haber colado en sus huesos, causaron una sonrisa ligera extenderse en el rostro de la guardiana de la rosa y su cuerpo estaba en posición más relajada aunque no perdía su pose de defensa.
-Señor sólo tengo uno y Él es el Señor del Abismo, en cuanto a vencerte puede que pierda en batalla pero sé que la condena de mi Amo y Señor sería un millón de veces peor que cualquiera que pretendas imponer en tus dominios puesto que el Señor a quien sirvo no tiene comparación - Aquel ser de ojos tan profundamente oscuros seguía observándola serio, como si aquello que ella acababa de mencionar fuera imposible, puesto que él debía ser el Señor de las Tinieblas y no había nadie que fuese capaz de superarlo, pero más que las palabras era la convicción con la que había rebatido sus afirmaciones. Se acercó a su cuerpo desapareciendo de su vista con sólo un parpadeo, la sujetó de las caderas por atrás apegándola a su cuerpo con brutalidad y manteniendola apretada para que no pudiera siquiera moverse para sacar la katana que aún mantenía en su mano a pesar de la sorpresa que de seguro le había dado por su rapidez.
Ni se inmutó al sentir las manos que la sujetaban, ella sabía que él estaba completamente perdido con las palabras que dijo inicialmente, porque ella era completa y únicamente de su amo, no había nada que la hiciera dar la espalda a ese hombre y era la razón por la cual estaba en esa habitación, y si ese demonio quería algo de ella podría tomarlo pero no tomaría para nada su devoción - Veamos de qué eres capaz cuando estas atrapada pequeña - Susurró en su oído antes de comenzar a usar sus uñas para desgarrar esa camisa negra que tenía sobre su cuerpo dejando algunas marcas y algunas gotas de sangre comenzando a recorrer el blanco cuerpo de aquella muñeca que podía matar a cualquiera y ser capaz de los mayores placeres del mundo si se lo proponía.
Aquellas uñas, dedos y manos recorrieron su cuerpo paralizado por los poderes de aquel ser de las sombras burlándose de ella con cada pedazo de tela que cayese al suelo y al mismo tiempo sangre o herida que su cuerpo sufriera o sintiera recorrerla pero aún así no había soltado su katana, su mano estaba fuertemente cerrada y el demonio estaba perdiendo la paciencia puesto que la tenía desnuda, herida, agotada luego de días sin dormir, de batallas con otros entes pero ella seguía allí de pie y sabía que podría derrumbarla y no volvería a levantarse pero le gustaba ver cuanto podría aguantar - El placer será tu perdición - Sus palabras enviaron a su cuerpo una corriente de placer que se centró finalmente en su centro y la hizo estremecer, pero en vez de dejarse ir simplemente apretó los dientes y a pesar de que ese despreciable ser enviarse oleada tras oleada y su cuerpo sufriera por los orgasmos que la destrozaban y la hacían temblar como hoja de papel, su mente seguía fija en una sola cosa - No... fallaré... a... mi... amo...
En cuanto esas palabras salieron de su boca, el reloj dio la campanada de media noche y un resplandor encendió la habitación volviéndola completamente blanca, causando que ambos cerrasen los ojos y ella a pesar del agotamiento aprovechó el poco movimiento que le fue permitido por la distracción del demonio para utilizar la katana clavándola en el pecho de aquel oscuro ente que desapareció con un rugido ensordecedor. Casi ciega por la luz que aún brillaba proveniente de la Rosa de los Infiernos, caminó en su dirección y la tomó con su cama de seda, las puertas se abrieron y se tambaleó afuera de la habitación caminando de memoria hasta el salón donde su amo se encontraba sentado en su trono como era costumbre.
Se puso de rodillas ante él, desnuda, con el pelo revuelto por completo cubriendo partes de su cuerpo y con rastros de sangre por toda su piel - Mi a... amo... esta es... la Rosa Azul Universal... - Colocó la flor con su cama de seda en las manos de su Señor y perdió el conocimiento con una sonrisa en su rostro puesto que había logrado lo que se propuso, el regalo que su amo más podría apreciar sería uno que pudiera entrar a su Musa y qué mejor regalo que una rosa de color celeste que nunca se marchitaría y representase al Universo entero en su belleza, tal y como su amo describía en algunas ocasiones a la Musa. La leyenda decía que la Rosa Azul Universal era una exquisita criatura, podría tomar la forma que quisiera pero más que nada concedía un deseo, el deseo puro del corazón de quien la poseyera, y mantendría la belleza y la vida eterna hasta que su dueño o dueña decidiera que era tiempo de partir dejando el mundo de los mortales y sería sólo en ese momento en el cual se marchitaría y moriría junto con su razón para existir.
jueves, 11 de octubre de 2012
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