jueves 26 de enero de 2012

Ilusión o Libertad

La oscuridad que la cegaba fue reemplazada por una mirada, ojos rojos que brillaban con un destello sin igual, no habían presendentes al respecto y mucho menos habría explicaciones para lo que aquella noche sin luna se daría en algún lugar del planeta que la mayoría de sus habitantes llamaba Tierra. Nadie podría explicar el por qué esa noche había tomado la decisión de cambiar, de tomar las riendas y escapar de su prisión por unas horas, lo cual no era algo inusual pero lo que cualquiera intentaría averigur era el motivo de ¿por qué esa noche en particular? No había luna en el cielo que iluminase el exterior para que pudiera al menos observar algo mientras estaba libre por las horas que su cuerpo se lo permitiera.

Tomó en sus frágiles manos aquella pequeña caja de cristal como si fuera la primera vez que la notaba en la habitación, cubierta de polvo se encontraba aquella pequeña cosa sobre la pálida piel de la joven que observaba con ojos curiosos y brillantes lo que había encontrado ya en varias ocasiones pero que su mente no le permitía reconocer ni mucho menos recordar. La fijar su vista en el lado derecho encontró una pequeña llave que sobresalía, la cual giró con sus dedos con dificultad o al menos eso le parecía, puesto que la presión que hacía era ligera para cualquiera, mas ella no era cualquiera, no era normal, era la sombra o tal vez los restos de un ser que en el pasado había sido catalogado como normal.

La dificultad de girar aquella llave la hizo tardar un tiempo que no hubiera sido necesario perder pero en cuanto había dado al menos 5 vueltas a la misma se encontró con que sus oídos podían escuchar el sonido de suaves violines ejecutando una melodía que le parecía ser conocida y que en su mente poco a poco se fue abriendo paso para ocupar por completo sus pensamientos hasta que una luz la dejó comprender que aquella melodía no era nada más que su propia creación. Volteó escuchando una voz llamando su nombre, hablando en un idioma desconocido para todo mortal, un idioma de sueños, de ilusiones y un hombre se encontraba parado a unos metros a su izquierda, elegantemente vestido con un reluciente traje negro y una rosa roja en sus manos.

El hombre mociona a que se acerque, ella aún sostiene aquella caja en sus manos cuando obedece de forma lenta, tímida e incluso temerosa, porque esa imagen frente a ella no puede ser real, debe ser una fantasía, puesto que el dueño de ese cuerpo presente ante sus ojos le habían informado que había muerto hace demasiado tiempo y eso era algo que recordaba a la perfección, o tal vez su mente simplemente había implantado la muerte como burla a su inteligencia, no estaba segura. Cuando llegó frente a él simplemente levantó la vista notando como sus ojos le sonreían, no necesitaba hablar, sabía que la observaba hermosa, con las curvas que siempre había querido tener o que poseía, mas simplemente bella como él había profesado verla tanto tiempo atrás o tal vez sólo habían sido días, pero eso ya no era importante, él estaba allí, frente a ella, con esos ojos negros clavados en los suyos.

Sintió como sus manos acariciaban su pálida piel, era real, no era un recuerdo de su subconsciente ni un engaño de su mente, el tacto hacía que la situación fuese verdadera y el hombre suavemente deslizó la caja de las manos finas de la joven para dejarla a un costado y poder sonreír con tranquilidad tomándola de sus finos dedos con delicadeza - Ven conmigo... mi bella dama... - Susurró aquella sombra como si su voz perteneciera a un hombre de carne y hueso, alguien que podría llevársela de ese lugar, a lo cual ella sonriendo simplemente se dejó guiar hasta una puerta que había aparecido en la pared norte de la habitación, podría jurar que sólo hacía unos momentos esa pared estaba complétamente hecha de roca sólida pero ahora allí existía una puerta.

Todo comenzó a perder firmeza cuando ella se encontraba a un par de metros de la puerta, la mano de aquel hombre se escabulló de entre las suyas como si se hubiera evaporado pero ella lo podía ver, aunque ahora no era más que un ser transparente con una hermosa sonrisa en el rostro y que haciendo una leve reverencia se dio media vuelta para marchar por la puerta que en ese momento desapareció. Sus ojos se enseguecieron y un grito ahogado salió de sus labios, al menos eso había intentado hacer pero se había quedado atrapado en su garganta, algo hacía presión en la misma, un calor abrazador recorría ahora su cuerpo y la hacía temer pero al mismo tiempo reír a carcajadas como si la locura se hubiera apoderado de su mente por completo.

Hombres y mujeres se acomodaban a su alrededor, la mujer tenía una sonrisa en el rostro a pesar de sus circunstancias, estaba perdida hasta que finalmente la vida se hizo cargo de lo que restaba de su cuerpo físico y las llamas terminaron por consumirla hasta el último cabello rizado de su hermosa y castaña cabellera - Nadie nunca más verá esos ojos - Murmuró una mujer con desprecio, mientras tomaba la mano de su hijo menor y se retiraba de la plaza pública donde acababan de matar a una mujer que había amenazado sus vidas de forma sutil y despiadada, con sus ojos color café habría podido imnotizar a todos los hombres de la comarca y ahora lo haría, simplemente se apoderaría de sus mentes en sueños... pero eso... eso es historia de otro momento.

El retrato

El blanco lienzo se mostraba ante el artista como lo que era, la pureza infinita antes de ser mancillada con los colores que en su paleta se encontraban, pero era necesario hacerlo puesto que la imagen que preservaría ese lienzo durante muchos años sería la de una dama, la misma que se encontraba sentada a unos metros del artista y miraba hacia un punto que le había llamado la atención al parecer. Con delicadeza la mano del creador de tal obra de arte futura comenzó a hacer los trazos en carboncillo, preparando las facciones y el bosquejo principal para poder realizar luego la pintura en sí, captando las emociones presentes en el rostro de la bellísima dama frente a él y que tanto le causaba curiosidad.

Sus rostro era como la más fina de seda a la vista, su piel blanca como el algodón más puro era lo más atrayente en el momento en que los ojos de uno se posaba sobre ella por primera vez, pero lo más curioso era el color rojo carmesí de sus labios y el verde profundo de sus ojos, junto con su cabellera larga y sedosa colora azabache, toda una rareza. Su mirada seguía perdida en un punto del salón en el cual se llevaba a cabo el retrato de su imagen para la eternidad, o eso era lo que ella consideraba, pero su mente estaba más lejos de lo que cualquiera podría notarlo y solo sus pensamientos se arremolinaban en ella misma, causando estragos internos que en la superficie no eran notables por ningún gesto alguno.

El artista siguió con su obra, dejando de lado el carboncillo comenzó con la paleta de colores a delinear los vivos colores del retrato a pesar de la sombría situación del salón, iluminado solamente por velas y candelabros, mientras el silencioso paso del pincel por el lienzo era prácticamente lo único que se podía escuchar, puesto que ni la respiración se oía mientras el tiempo pasaba sin piedad. La doncella no podía alejar de sus pensamientos aquellas duras palabras, aquellos hechos que habían marcado su vida de tal forma que se sentía desfallecer y solo podía seguir aparentando la sonrisa en su rostro ante todos en su castillo, para evitar levantar la mínima sospecha que pudiera causar más sufrimiento.

La pintura sobre el lienzo tomaba forma, haciendo justicia como podía a tan bella y distinguida dama, quien no cambiaba su expresión, lo cual causó cierta sorpresa al pintor pues era generalmente un alma alegre, una sonrisa no salía de sus labios desde que habían cerrado las puertas y los habían dejado solos, pero no lograba reunir el coraje para preguntar, no era su lugar. Con las horas que pasaban en silencio, solo las sombras creadas por el fuego de las velas lograba hacer compañía a las dos personas, tanto pintor como modelo de aquel retrato que finalmente estaba tomando la forma que sería observada por años y años.

Con un poco más de tiempo mientras que las sombras los acompañaban y se escuchaban ciertos goteos de la cera de la vela al caer al suelo de mármol negro que cubría la habitación, el retrato estuvo listo para ser observado por tan bella y graciosa modelo, así como dueña ahora del mismo, pero en vez de levantarse y dirigirse hacia el cuadro para darle una mirada, la joven se puso de pie dirigiéndose a la puerta. El artista sorprendido no dijo palabra alguna, simplemente la dejó marchar pensando que tenía algún motivo personal y que luego vería el retrato, pero la verdad era que ese retrato nunca sería observado por nadie, fue envuelto en seda y guardado en una torre, volviéndose una curiosidad que no sería develada en un momento cercano.

martes 18 de octubre de 2011

Lágrima Carmesí


Caminaba sola por las calles desiertas de aquella ciudad, la noche se había cernido sobre la misma hacía muchas horas pero la joven no se detenía aunque su paso no era precisamente energético, sino pausado, como si no tuviera prisa alguna de llegar a destino... como si no tuviera un destino al cual congraciar con su presencia. Poco a poco las personas a su alrededor disminuían puesto que se iba haciendo más tarde de lo que ella habría notado, si tan solo le estuviera prestando atención al paso del tiempo, a como el tick tack iba llevándose lo que ella no quería perder pero al mismo tiempo deseaba olvidar.


Levantó la vista para encontrarse con la luna que le brindaba un hermoso paisaje, medio cubierta por las nubes que se mostraba en el cielo y al dejarse ver en todo su esplendor se notaba que solo era la mitad de este astro, pero a ella le gustaba observarlo en cualquier fase que se encontrase, incluso la buscaba en luna nueva, cuando su rostro se esconde de todos en el firmamento. Un suspiro pasó por entre sus labios, esta noche no había una sonrisa como reacción a tal vista, como solía ser, sino que aquel respiro fue todo y continuó caminando a paso lento y sin dirección fija hasta llegar a una calle más o menos familiar de nuevo.


Dejó que su cuerpo se tomase un descanso contra la pared del edificio, las luces en el techo titilaban de un color azul fuerte o más bien violeta, una excentricidad del dueño, ella lo sabía, pero simplemente ignoró la luz, ignoró el cielo, ignoró todo lo que la rodeaba y cerró los ojos por un momento, simplemente dejándose empapar por lo que en su interior sentía. Un leve jadeo escapó esta vez de entre sus labios, pero allí quedó pues los cerró para que nada más pudiera pasar de estos y con un suspiro, un par de gotas carmesí rodaron lentamente por sus mejillas... si alguien le hubiera dicho que algún día estaría llorando sangre... se hubiera burlado de quien se atreviese a dar tal descabellada idea y lo asesinaría allí mismo...


Levantó la mano y con el dorso de la misma se secó aquella infame lágrima que osaba salir de entre sus párpados, desafiando toda ley que ella conociera y simplemente causando que aquello que guardaba en su interior cobrase más fuerza y pujara por salir con más intensidad que antes, causando que otro jadeo saliera de entre sus labios y esta vez lo detuvo tapándose la boca. No iba a permitir que la dominara, que esas emociones en su interior hicieran de ella un pedazo de persona, ni que sus nervios se destrozaran, tenía que evitarlo a toda costa... Así que se despegó de aquella pared de ladrillos y comenzó de nuevo la caminata... Esta vez más determinada que nunca, sin rumbo de nuevo, pero determinada a no volver a dejar salir... Otra lágrima carmesí...

miércoles 12 de octubre de 2011

Sangre y Risas

Caminó tambaleante por los pasillos, los pisos de mármol blanco parecían no llevarla a ningún lugar y las paredes bañadas por la luz de la luna llena que se colaba por algunas de las ventanas tampoco ayudaban a su sentido de la dirección. Miró hacia abajo, solo un camisón de seda cubría su cuerpo, sus pies desnudos en el frío de la noche no la hicieron sentir que algo estaba fuera de lugar, pero la sensación de miedo o espanto que la hizo voltear le pareció algo irracional, puesto que se encontraba sola y no corría peligro alguno en su propio castillo.

El miedo siguió en su rostro a la vez que la mirada bajaba al piso, pues detrás de ella unas extrañas huellas seguían sus pasos, o más bien, eran sus propios pasos pero ella no podía notar nada en las plantas de sus pies que pudieran hacer tales marcas, hasta que los observó un poco mejor. El horror de lo que su vista le demostraba era algo que no tenía precio, sangre, ese elixir que corre por las venas de cualquiera que habita esta Tierra y sus pies estaban pintados de aquello dejando a su paso marcas distintivas.

Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos pasando por sus mejillas hasta caer de su rostro hacia el piso, mezclándose lentamente con la sangre que ya se encontraba en el mismo, bajo sus pies y sus manos cubrieron rápidamente lo que se consideraría su vergüenza o tristeza o tal vez algo que no se sabría definir con palabras. Los sollozos acompañaron a aquellas perlas de agua que brotaban de sus ojos con persistencia como si no tuvieran intenciones de detenerse nunca jamás, por un momento tuvo que guardar más silencio puesto que creyó que alguien se acercaba pero no era así y siguió en esa posición por un rato más.

Unos pasos silenciosos se acercaron, más bien parecía un sonido rastrero extendido por los pasillos desiertos de aquel imponente castillo, cuando aquello se detuvo el sollozo de la bella dama se fue convirtiendo levemente en una leve risa que fue creciendo en tamaño e intensidad hasta convertirse en una carcajada. Cualquiera que la viera o conociera diría que perdió la cordura pero no era así, simplemente por primera vez en su vida, podía liberarse de las cadenas que la habían oprimido durante tanto tiempo, amarrándola a una farsa que ya no soportaba llevar al igual que una máscara ante la sociedad que no le hacía justicia.

Con un estruendo las luces se encendieron en el corredor donde ella se encontraba, su ropa de noche había sido convertida en un precioso vestido rojo con detalles en oro y plata que acentuaban su figura de formas que no podrían ser descritas con facilidad para los mortales, finalmente era libre. La rastrera criatura que la había estado siguiendo subió hasta su cintura para convertirse en un cinturón de oro cuyo broche era al mismo tiempo aterrador e imposible de alejar los ojos de él, por su rareza.

Una copa apareció en su mano izquierda, de oro la muy maldita y con una sonrisa en su rostro acercó la misma para tomar solo por un instante un respiro de la misma, el aroma era extraño para muchos, delicioso para la dama - La mejor cosecha en cien años - Fueron las palabras que salieron de sus labios antes de beberse el contenido de la copa y caminar en dirección a sus aposentos donde la esperaba el descanso que tanto anhelaba, puesto que dormiría por un par de días o tal vez meses hasta que tuviera de nuevo esa necesidad que la carcomía por dentro y tuviera que volver a llenar aquella copa de oro.